Cuando llegamos a la vida tenemos un camino por delante. Cada uno tiene un camino propio que seguir. A veces, ese camino será recto y fácil de recorrer y otras veces será complicado seguirlo. En el camino encontraremos bifurcaciones y tendremos que tomar decisiones sobre por donde seguir, y encontraremos obstáculos y pendientes que tendremos que afrontar.
Cuando recorremos el camino todos portamos una mochila donde se encuentran todos nuestros recursos y habilidades. Está bien, saber qué hay en nuestra mochila y poder conocer con qué contamos.
En ese camino, nos iremos cruzando con personas, algunas de ellas nos acompañarán todo el camino y otras estarán solo parte de él. Algunos se volverán a cruzar en nuestro camino y a otros no los volveremos a ver.
El camino no será siempre fácil. En algún momento nos podemos encontrar con piedras que obstaculizan el camino y nos provocan preocupaciones y malestar. Ante esas piedras podemos tomar varias decisiones, no saber qué hacer y quedarnos inmovilizados o examinarlas y decidir cómo sortearlas. Para ello, podemos utilizar los recursos que tenemos en la mochila. Si no encontramos ninguno siempre podemos pedir ayuda en el camino. Algunas personas cuando por fin consiguen avanzar deciden guardar esas piedras y portarlas durante todo o parte del camino. La decisión de qué hagamos con ellas es nuestra.
Mientras recorremos el camino de la vida también podemos ir observando lo que hay a nuestro alrededor, disfrutando de los paisajes, de las experiencias que iremos viviendo porque a pesar de que experimentemos ansiedad, estrés u otros síntomas podremos afrontarlos de la manera más eficaz tratando de utilizar los recursos y habilidades que tengamos.